23 dic. 2011

Capítulo 3.

Por algún motivo, tiene un buen presentimiento. Se restriega los brazos con las manos. Empieza a hacer frío y la chaqueta que lleva no le ayuda mucho. Adrián lo nota y se acerca a ella para darle su chaqueta. Julieta sonríe brevemente y fija la vista al frente. No entiende cómo sigue conquistarla, cómo se ha olvidado tan rápido de lo que pasó.
Ella, aunque lo perdonó, todavía no puede dejar de pensar en que hubiera ocurrido si no lo hubiera pillado aquella noche. ¿Seguiría saliendo con él y con el peso de una mentira que no sabe? Su mente contesta que sí, pero no sería lo mismo. Si le dijera que sí… si volviera a salir con él, resultaría doloroso encontrarse y volver a ser los de antes, y besarse, pues no dejaría de pensar que sus labios han pasado por varias chicas hasta llegar de nuevo hasta ella.
- ¿Julieta? – oye que la llaman. Sacude la cabeza y mira a Adrián.
- ¿Qué?
- ¿Te pasa algo? Estás muy rara hoy.
- ¿A mí? No, no, nada de nada.
Intenta sonreír, pero es un intento fallido. Baja la cabeza y mira al suelo, a sus pies arrastrándose por la acera, donde ya empiezan a caer hojas de colores marrones y amarillos y que se rompen con un crujido cuando las pisa. Odia esos momentos a solas con él. No tienen de que hablar, ni que contarse, simplemente, él observa el vuelo de los pájaros y ella se pregunta por qué la habrá invitado.
Llegan a casa de uno de sus amigos. Vuelve a intentar sonreír a algunas preguntas y varios saludos. Adrián sigue guiándola hasta el salón, donde más amigos están sentados alrededor del televisor. Distingue a Sara entre todos y va a sentarse con ella. Alguien pone una película, Raúl cree. Aparecen los créditos y después el título. Risas. Julieta suspira.
- ¿Cartas para Julieta? ¿Quién la ha elegido?
Todos señalan a Adrián y Julieta murmura un “Eres imposible”, para después no volver a hablar durante toda la tarde.


- Y… ¿adónde vamos? – pregunta Carolina, impaciente por saber a dónde las llevan los chicos.
- Al Telepizza – responde Javier dedicándole una sonrisa, que hace pensar a todos de que está contento de que ella asista.
- ¿Tanto misterio para eso? Sois imposibles. –Alega Sofía, que empieza a tener frío. Mira de soslayo a Hugo, pero este está más concentrado en ver las chicas que pasan. Suspira y se abraza a ella misma.
Se dirigen al Telepizza de la ciudad y no al del Centro Comercial. Ellos le dicen así, porque está justamente en el centro de ella. Sofía intenta convencerse de que ya se ha olvidado de Hugo, pero debate contra su estúpida cabeza. Cierra los ojos mientras camina y se acuerda de todos los bonitos momentos que pasaron juntos, momentos que ya no volverán a pertenecerles, salvo en sus recuerdos.
Llegan al local, que para ser jueves está bastante lleno y eligen una mesa para los nueve. Julia intenta aclarar que está a dieta pero los cuatro chicos le dicen que no importa, que pida a gusto. Les preguntan lo que quieren para ir a pedir.
- Para nosotras una margarita, familiar.
- ¿Una para las cinco? – ellas asienten -. En fin, luego no nos pidáis.
Ellas aclaran que no y los chicos se van, no muy convencidos. Las chicas de hoy en día, piensas. A ninguno de ellos les gusta la idea de que se fijen más en lo exterior que en lo interior, aunque con un amigo como Hugo, poco se puede hacer.


Sara y Rocío discuten sobre qué película ver la próxima semana. Julieta camina a su lado sin percatarse de su conversación ni de todo lo demás. No deja de darle vuelta al hecho de que Adrián haya cogido expresamente Cartas para Julieta y no cualquier otra película. Sara ha intentado convencerla de que también podría haber cogido Romeo y Julieta, porque no tiene nada que ver con ella. Solo se ha encogido de hombros.
Han decidido ir a comer pizza. En teoría, han votado y la mayoría ha ganado. Como el Telepizza del centro comercial está bastante lejos de la casa de Raúl, van al que está en el centro de la ciudad, mucho más grande. Aunque al final, solo seis de ellos van, uno para cada chica. Quique va con Rocío, Sara con Raúl y ella… a ella le toca Adrián. Él le pasa un brazo por los hombros, ella no lo aparta, pues lo necesita. Se quedan un poco más apartados que los otros.
- Adrián… - tiene la mirada fija en el suelo y susurra -. Sabes perfectamente que solo somos amigos, ¿verdad?
- Claro que lo sé – contesta él, que ya sabe por dónde va la conversación -, pero, Julieta, solo era una película. No tenía nada que ver… contigo.
- Gracias, con eso me quedo más tranquila – dice con sarcasmo.
- Julieta…
- No, tranquilo. –Se vuelve hacia él una última vez -. ¿Sabes aquella vez en la que me dijiste que no sabías mentir? Pues sigues sin saber.
Y se acerca hasta sus amigas. Adrián le sigue e intenta poner buena cara delante de los demás. Se le había olvidado ese momento, ella riéndose mientras se lo contaba y él diciéndole después que no era verdad, aunque sin conseguir que se lo creyera.
Llegan y se sientan en una mesa. Las tres chicas juntas y enfrente ellos. Tardan bastante en decidir qué comer. Al final, los chicos, como si quieren parecer unos caballeros, se levantan para pedir dos pizzas, pero a mitad de camino se encuentran.
- Vaya, ¡mirad a quién tenemos aquí! – salta Raúl -. Si son los pringados del colegio de pijos.
                Sara se levanta y se dirige hacia Raúl para pararle. Ella es la única que sabe porque se pone así con ellos, así que es la única que intenta pararlo mientras los otros se ríen de su actitud. Rocío y Julieta se dirigen hacia ellos mientras Quique y Adrián miran con odio a los “niños pijos”.
                - Ya sabemos que es idiota; no hace falta que os riais de él – Julieta ya no aguanta más sus risas.
                - ¿No crees que lo estás empeorando, Jul?
                - Claro, eso es porque sabe que somos mejores – Hugo sonríe. Julieta se queda sorprendida de ver quién habla. No es igual a sus compañeros; no parece alguien a quien le preocupe mucho el dinero de las demás personas, ni mucho menos. Podría pasar por alguien de su pandilla, prácticamente. Aunque, por alguna razón, le pone furiosa su preciosa sonrisa.
                - Sabes perfectamente que eso es mentira, Hugo.
                Adrián se interpone entre su ex novia y Hugo. A él también le pone furioso su sonrisa, pero porque se la dedica a ella. No se perdonaría, aunque no fuera su culpa, que Julieta cayera en la redes del mujeriego de Hugo Rey. La coge del brazo antes de que pase lo peor y la saca de allí. Sí, la sigue queriendo y no soportaría ver como Julieta sufre de la misma manera que sufrió cuando lo descubrió.
                Lo que Adrián no sabe es que esa sonrisa se ha grabado a plomo en la mente de Julieta.

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